El día de ayer les contaba un poco la experiencia de crecer en un pueblo. Hoy les traigo una especie de continuación de esa historia, con todos los choques que se experimentan al llegar por primera vez como residente fijo de una ciudad grande. Llevo ya 7 años viviendo en la "gran ciudad" y creo que me he adaptado bastante bien, o eso me gusta creer. Sin embargo, cada día se aprenden nuevas cosas y cada día se lucha por adaptarse a un lugar que no es tu hogar pero debes hacer que lo sea.
Sin duda el principal choque al que te enfrentas al llegar a una ciudad es el medio de transporte. Como contaba el día de ayer, pasar de un pueblo en el que llegas a donde sea caminando, a una ciudad que tiene un sistema de transporte masivo con mil rutas y una enorme probabilidad de subirte a la que no es y terminar más perdido que tu dignidad cuando le escribiste y te dejó en visto. Incluso hoy, 7 años después de mi llegada. Cuando debo ir a algún lugar a donde no había ido nunca antes, debo utilizar Google Maps para planear mi recorrido y saber con exactitud la ruta que d el tomar, donde debo bajarme y básicamente todo lo relacionado con la aventura por la ciudad que esté a punto de emprender.
La inseguridad es un factor importante, pues mientras en el pueblo puedes usar por ejemplo, un celular sin miedo en la calle. En la ciudad se debe ser mucho más cuidadoso. De hecho en mi primer día en la ciudad estuvieron a punto de robarme tan solo a una cuadra de la estación de policía. Pero el tipo no contaba con mi fuerza bruta y lo pensará dos veces antes de intentar robar a alguien de nuevo (En realidad se le soltó mi camiseta y aproveché para correr). Cabe mencionar que esto ocurrió a plena luz del día. Por lo que hay ser extra cuidadosos sin importar la hora.
Algo un poco más banal de lo que te das cuenta al llegar a la ciudad es de la cantidad enorme de cosas para hacer. Desde ver una película en cualquiera de los numerosos cines hasta comer en una enorme variedad de restaurantes. Esto ayuda bastante ya que te permite entretenerte en los momentos vacíos que sin duda son más usuales de lo que uno podría esperar, y a distraer tu mente de la soledad que enfrentas por primera vez mientras te acostumbras a tu nueva vida, pues cuando llegas a la ciudad te das cuenta que realmente estás por tu cuenta. Incluso aunque vivas con familiares, sin embargo al acostumbrarte ya vas como pez en el agua. Transportándote por tu cuenta en sistema masivo y haciendo las cosas como cualquier citadino lo haría.
Este último punto no es general, pero me pasó a mí. Y es el cambio de clima, mi pueblo es algo frío. Con temperaturas máximas entre 18-20 grados. Y me fui a una ciudad donde esas son las temperaturas mínimas, con máximas de 28-30. Al principio me afectaba bastante el calor, pero como mencionaba antes. Es cuestión de costumbre. Ahora cuando vuelvo al pueblo me afecta más el frío.
Dejar tu lugar de origen puede ser difícil. Te enfrentas a un montón de situaciones desconocidas para ti, conoces gente nueva, desconfías del 90% de gente que te encuentras en la calle, aprendes a esperar que el semáforo esté en rojo antes de cruzar la calle, pero sobretodo. Te acostumbras a un ritmo de vida muy diferente al de tu pueblo. Lo cual puede ser un arma de doble filo, pues cuando debes detenerte por completo así como ahora, no encuentras qué hacer y puede ser desesperante. A pesar de todo. dejar tu pueblo es un cambio de 180 grados necesario para darte cuenta y apreciar mucho más tus orígenes
Este último punto no es general, pero me pasó a mí. Y es el cambio de clima, mi pueblo es algo frío. Con temperaturas máximas entre 18-20 grados. Y me fui a una ciudad donde esas son las temperaturas mínimas, con máximas de 28-30. Al principio me afectaba bastante el calor, pero como mencionaba antes. Es cuestión de costumbre. Ahora cuando vuelvo al pueblo me afecta más el frío.
Dejar tu lugar de origen puede ser difícil. Te enfrentas a un montón de situaciones desconocidas para ti, conoces gente nueva, desconfías del 90% de gente que te encuentras en la calle, aprendes a esperar que el semáforo esté en rojo antes de cruzar la calle, pero sobretodo. Te acostumbras a un ritmo de vida muy diferente al de tu pueblo. Lo cual puede ser un arma de doble filo, pues cuando debes detenerte por completo así como ahora, no encuentras qué hacer y puede ser desesperante. A pesar de todo. dejar tu pueblo es un cambio de 180 grados necesario para darte cuenta y apreciar mucho más tus orígenes
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